Asignatura pendiente.

En las escuelas hay tantas deficiencias como materias faltantes, te enseñan tantas cosas inútiles que se les olvida enseñar lo que después vas aprendiendo por gusto o a costa de caídas, madrazos y anécdotas vividas y pocas veces contadas.

Y es que entre las cosas que nunca me enseñaron encontré que aburrirse no está mal, que puede ser antes que un estado, un síntoma y como tal hay que buscar qué lo origina para aprender incluso a divertirse con él y usarlo a conveniencia. Como cualquier síntoma. Que puede ser entretenido encontrar nuevas formas de aburrirse.

Tampoco me enseñaron que enojarse está bien, que es una muestra de indignación que lo menos que representa es respeto por uno mismo y que éste, aún por uno mismo también se debe ganar.
Nunca me enseñaron que el respeto y el miedo, se venden por separado.

Nunca me enseñaron que la verdad está en constante cambio y por lo tanto pierde cualquier sentido absolutista. Que tiene distintos dueños y cambia constantemente de manos y a veces se va también de la lengua.

Nunca me enseñaron cuan molesto puede ser para los demás la honestidad y lo necesaria que se vuelve para cada uno. Así como adictiva.

Nunca me enseñaron que cuando te dicen que no mientas, no te están diciendo que digas lo que piensas, sino que maquilles tus ideas con un labial carmin-puta-barata que se vende por dos amistades hipócritas y todavía tienen para darte media sonrisa como cambio.

Nunca me enseñaron que las preguntas también pueden ser respuesta, que yo mismo puedo ser la más grande de las incógnitas y que todavía esto está en duda. ¿Será?.

Nunca me enseñaron que es bueno dudar de todo y de todos, así nacen las preguntas y las amistades que no te decepcionaran nunca, o sólo las veces que quieras.

Nunca me enseñaron que es tan imposible tener demasiados amigos como no tener enemigos, que más te vale saber elegir con el mismo cuidado a los segundos como a los primeros. Que ambos te definen de la misma manera.

Nunca me enseñaron que debes prestar sólo los libros que no te importe tener de vuelta y lo enriquecedor que resulta regresar un libro a su dueño junto con una botella de vino, dos copas y un destapacorchos.

Nunca me enseñaron que entre menos pienses en cuanto tiempo van a durar las cosas, más lo hacen.
Nunca me enseñaron que la escuela es sólo el principio del aprendizaje que está por llegar. Que es más un espero que te entretengas, un repite lo que te digo que un piensa por ti mismo.

Nunca me enseñaron lo entretenido que es vivir e ir descubriendo todas las cosas que jamás me enseñaron ahí.

Nunca me enseñaron que un adverbio de tiempo, pierde el mismo cuando dejas que tu vida se mida en tempo.

De esas cosas sencillas.

De quien eres y esas cosas.

De quien quieres ser y si lo sabes.

De quien te han dicho que deberías ser, pero no estás convencido.

Al parecer de eso va la vida. No sólo de vestirse de traje, apretarse bien la corbata para evitar cualquier tipo de grito y salir a ganarse el pan con el sudor de la frente. A partirse el lomo. A chingarle porque no hay de otra o cualquier otra expresión popular y populachera que se te pueda ocurrir. (Puedes incluirla aquí ________________________)

Empieza en el kinder que son las bases. Continúa con la primaria que te ayudará a irte formando, leer, escribir y meter los puños en el momento adecuado. Justo después de sentir lo duro del piso. La secundaria y tu pubertad, dos cosas con las que tendrás que lidiar, una con más éxito que la otra. La preparatoria y tu próxima “libertad” donde tu capacidad de elección se pone a prueba. La facultad, tu primer error o tu primer acierto, ambos como deberán ser en el futuro, a gran escala. Sólo porque no hay otra manera de vivir sin irse muriendo más de una vez.

Ahora, a buscar un buen trabajo. Anda que de eso depende tu futuro, aunque ya te lo hayan dicho en las demás etapas de tu vida. En todas.
Elige un buen trabajo que si eres feo, será una manera de atraer a una mujer florero. Asegúrate que ensanche tu cartera lo suficiente como para verte lo suficientemente atractivo. Consigue un buen coche que hable más de tus pretensiones que de quien quieres ser. O quien en algún momento quisiste.
Vístete como los demás, camina, piensa y habla como los demás. Tolera lo que algún día dijiste que jamás tolerarías, sólo porque así debe de ser.
Ten cuidado con la verdad, te puede costar el trabajo o incluso alguna relación en la que no se toleren los besos de honestidad.

Recuerda que para usar un traje los zapatos son lo más importante, que se vean brillosos, pero no tanto que te los puedes manchar de hipocresía y al principio te podrá dar coraje. Tranquilo, es sólo en lo que te acostumbras a caminar por ahí. Después vas a lustrar los mismos, con la misma. Como la mayoría.

Recuerda llegar al trabajo puntual, sino puede que pierdas tu a-bono de puntualidad. Nunca te olvides de checar sistemáticamente tu hora de salida, no vayan a pensar que te quedas más tiempo del que marca tu contrato.

Recuerda salir del trabajo y avanzar siempre por las mismas calles, notar lo que siempre notas y dejar de ver lo que hace tiempo admirabas. Bienvenido a la rutina.

Llegando a tu casa te puedes sentir tranquilo que si no sabías quién querías ser, poco a poco los demás te lo van diciendo. Si lo sabías y no lo eres, tienes de dos o lo haces ahora o no te preocupes que ya hay cirugías donde te ponen testículos de repuesto.
Y si eres quien te han dicho que debías ser, duerme tranquilo, que mañana será lo mismo y llegarás a donde todos han llegado antes. Sólo tienes que seguir el camino marcado y el que todos han caminado. No te preocupes, por ahí todo es seguro.

Y así vete olvidando de quien algún día quisiste ser.

Ahora pregúntate si a ti de niño te hubiera gustado ser quien eres.

Tocan.

No vayan a ser los testigo de Jehová que no tengo tiempo de atenderlos, igual si no hago ruido se van.
Tocan dos veces más. Qué tal que es la vecina y es que no le para la boca, quiero seguir rascándome las pocas ganas, mejor no abro.

Que ganas de estarme tocando las pelotas tocando al mismo tiempo la puerta, y es que siempre es así, cuando menos te lo esperas, cuando menos quieres y cuando menos puedes es cuando se aparece alguien del otro lado de la puerta para hacer desaparecer la supuesta paz con la que finges estar. A la que finges escuchar.

(En el diccionario debería de venir la definición de paz, como la ausencia de vecinos.)

A menos que sea el de la pizza, pocas veces abres con tanto gusto. A casi nadie le muestras ese lugar tan intimo, tan tuyo. Tan tú.
Tal vez por eso antes de abrir husmeamos por la mirilla y antes de quitar el seguro hacemos una pregunta más por inercia que por consciencia o por verdadero interés de saber quién está del otro lado de la puerta. Como si el que está afuera supiera qué contestar. A mi cuando me lo preguntan me hacen reflexionar tanto que en medio del silencio más inoportuno me retiro a seguir pensando con cara de incógnita. Quién.

¿Qué respondes a eso? No te preguntaron tu nombre, ni a qué fuiste. Sino la única, terrorífica y pocas veces acertada pregunta. Quién.
-¿Quién qué?
-¿Quién es?
-¡Demonios! Lo que tanto tiempo me he preguntado.

Y es que la única forma de contestar ese tipo de preguntas, tan grandes, tan eternas y tan propias es ir cambiando las respuestas.

Por eso la próxima vez que toquen a tu puerta y hagas la pregunta, ya la puedes ir haciendo en ambas direcciones. O mira que cuando se haya ido la visita te sales, tocas a tu puerta y cuando entres, en el primer espejo que encuentres, le haces la pregunta a quien sea que veas ahí. Igual te sorprende la cara que se le queda al personaje del reflejo.

Tocan.
¿Quién? (Pregunta obligada antes de que alguien toque el timbre)
Por tu bien y de quien esté cerca de ti o pretenda estarlo.