De hombre a hombre.

Tenemos que hablar.

Ahora me toca a mi decirlo y a ti leerlo, así es como la vida empieza a dar de vueltas, o aquí es cuando te das cuenta que el tiempo ha pasado, tan inevitable como todo lo que trae consigo.

Ya estoy mayorcito y me siguen naciendo dudas, sólo que ahora debajo de los parpados, de esas que quitan el sueño, de esas que te hacen dormir a las cuatro de la mañana y despertarte a las seis porque hay que despertar, así que de hombre a hombre, tenemos que hablar.

Nos quedan muchas dudas por resolver o como bien me lo inculcaste, nos quedan más dudas por descubrir, que entre más dudas tengas mas sed de conocimiento puedes tener. Que dudar no es malo, sino todo lo contrario. A menos que sea de ti de quien lo estés haciendo.

De hombre a hombre tengo que decirte que recuerdo perfectamente todos los regaños, los castigos y los por si acaso que me molestaban de sobre manera, que torturaban a ese adolescente que como si fuera parte de la naturaleza terminaba rimando con insolente y que además, adornaba su look con la venda natural que cubre los ojos de esos especímenes. Que recuerdo como si fuera ayer todo lo que en algún momento reproché y hoy se me cae la cara de vergüenza por no haberlo entendido a tiempo. Además debo confesarte aquí entre nos, que ahora los disfruto en el recuerdo y a veces, hasta te compadezco, pero no se lo digas a nadie.

De hombre a hombre te confieso que ahora entiendo que sólo intentabas darme una lección. Que al que madruga le quedan más horas para generarse más oportunidades. Que lo que soy hoy es gracias a todos esos regaños, esas pláticas de camino a casa o en cada, acompáñame al trabajo. Que entiendo lo difícil que resulta la congruencia, pero también lo necesaria que es. Que los principios no son principios hasta que te cuestan algo y que un hombre sin principios y valores no tiene nada.

De hombre a hombre te confieso que me cuesta trabajo enumerar todas las lecciones aprendidas y las que vienen en camino, pero que te agradezco infinitamente por todas y cada una de ellas, de las que aprendí, las que enderezaron mi camino y las que sigo sin entender pero que estoy seguro que en algún momento de la vida van a embonar como pieza de rompecabezas.

De hombre a hombre y todavía mirando para arriba te lo digo, la estatura no es una cuestión física, ni de centímetros me lo has dejado claro. Que hoy que estamos de la misma estatura, seguir mirando para arriba al hablarte, ha pasado de una costumbre a una muestra de admiración. De la grande. De la que te deja el cuello adolorido y la presunción hinchada.

De hombre a hombre te confieso que te admiro.

De hombre a hombre te confieso que te amo.

De hombre a hombre te confieso que estoy orgulloso de ser tu hijo, pero más aún de que tú seas mi padre.

Bienvenido.

Que gusto tenerte por aquí. Que gusto que me leas, adelante siéntate, estás en tu blog. Anda, ponte cómodo y dime si quieres algo de tomar mientras te escribo a las pupilas. ¿Un té, café o un vasito de agua? Te prometo traerlo sin cianuro, pura esplenda para que mueras de a poco.

Que grata sorpresa, no te esperaba. Estaba por salir pero por ti, cancelo todo, el trabajo puede esperar, cualquier persona aceptara una excusa y cualquier otro no merece tanta atención como tú.

Cuéntame cualquier cosa inútil que quieras mientras te veo con cara de esperanza fallida, con sonrisa de entre más hablas mejor me caes, anda cuéntame como te va en el trabajo, tu vida tan increíble como siempre y tu sonrisa de dos por uno que no esconde más que lo que todos saben pero nadie se atreve a decir. Cuéntame que yo te escucho mientras tu pretendes leerme.

Yo haré que te escucho, como siempre, mientras tú finges que me comunicas, porque hacer ruido y comunicar no es lo mismo, créeme. Date cuenta que sólo me río cuando tu lo haces, que nunca se me sale una media sonrisa si quiera. Fíjate como cuando me cuentas alguna tragedia en tu vida no se me dibuja ninguna sonrisa aún con el gusto que me da, eso querida, es que no te estoy escuchando de verdad. Porque efectivamente también hay una diferencia entre oír y escuchar.

Pero no te preocupes, como no lo has hecho otras tantas veces, tú sigue con lo tuyo.

Que gusto que pasaras por aquí, igual puedes regresar otro día con más calma y no me refiero a la tuya, que evidentemente es mucha. Es que vamos a ver, las personas de miras cortas son así, a veces tienen que usar anteojos para justificar que no alcanzan a ver más allá, pero no pasa nada, te entiendo. A estas alturas del partido –del tuyo por supuesto- ya estás viviendo tu más grande sueño y yo, sólo intento entrar a este escalón, pero cada quien mira hasta donde quiera mirar.

De verdad me dio mucho gusto que pasaras por aquí igual y así te das cuenta que la hipocresía se lee mal y difícil, que aunque hay a quien se le da de manera natural, hay otros a los que nos cuesta tanto que terminamos por decir que no era más que un ejemplo de lo que haces y que todos notan.

La hipocresía no es más que un veneno que actúa en contra de quien pretende usarlo con otros, así que cuidado, que lo malo contigo es que lo llevas en la sangre. No en un blog.

Cuidado.

Texto riesgoso.

La vida, está llena de muchas cosas pero tan pocas tan seguras como la muerte. Me atrevería a decir con pleno uso de mi basta ignorancia que son las menos, pero entre tanta cosa tan insegura de si misma y con la vida, está el riesgo. Ese que nos acecha debajo de la cama, detrás de la puerta, en cada abrir y cerrar de ojos, en cada respiro. El fin justifica los miedos, siempre.

El riesgo que el mismo diccionario lo define como peligro o inconveniente posible, y que al parecer transpira negatividad por todos los poros, va a depender siempre de la oportunidad con que lo mires.

Vivir ya implica un riesgo, y no hablo de vivir como gerundio sino el “simple” hecho de respirar, sí, entrecomillado porque de simple no tiene nada. Salir de casa, otro más. Crecer ni se diga. Bueno es que hasta formarse en la cola de las tortillas a cierta edad implica un riesgo y en este país que pretende evitar el tema de la seguridad el riesgo está a la vuelta de cada esquina. Literal.

Me explico mejor, o por lo menos lo intento:

La vida implica un riesgo y por lo tanto el riesgo se convierte en una constante en la misma. Hay uno de estos en cualquier oportunidad, es como cuando tantas veces nos han dicho que el no ya lo tenemos, que vamos por el sí. Con todo, quemando nuestras mejores naves, aventando la casa por la ventana, sudando la camiseta y de todos modos hay algo que nos frena, el miedo a ese riesgo.

El miedo al que dirán. A un “no” tan a quemarropa que nos deje en donde estábamos. El miedo a que no salgan las cosas como las habíamos planeado, o sea como siempre. El miedo, ese maldito desgraciado que nos ha paralizado tantas veces y nos ha dejado sin la oportunidad de emprender un negocio, de conocer al amor de la vida de alguien más, a probar nuevos sabores y terminando escuchando nuevos sinsabores, el miedo que termina siendo el arma más letal del riesgo.

Pero como en casi todo lo demás, nadie nos podrá contar el sabor agridulce que tiene el riesgo hasta que nosotros lo probemos. Ese sabor de lo intenté con todas mis fuerzas, di todo de mi, sude la camiseta.

Hay riesgo, claro, como en todo en esta vida y como todo lo que vale la pena. Ese inconveniente posible termina por saber delicioso, tiene la posibilidad de convertirse en conveniente. Cuando sepas a que sabe un inconveniente en medio de las sábanas o tal vez uno que te mantenga despierto toda la noche frente a la computadora, o tal vez ese que te hace levantarte cada lunes con sonrisa de viernes, será entonces cuando puedas decir que cada riesgo ha valido la pena.

Si el riesgo está ahí como una constante, aprendamos a vivir con él, no a su pesar ni por encima, menos pasar por un lado como si no estuviera, como viendo el celular para evitarlo. El riesgo es el pantone de la vida diría alguno, el saborizante del día a día, la razón de cualquier sonrisa. El peor riesgo es ignorarlo.

Uno vive con el riesgo en todos lados, sólo que hay a quienes les gusta dejarlo escondido, otros más se lo echan todos los días al bolsillo y otros, los menos lo usan para blanquear sus dientes para que brille su sonrisa. Cada quién elige que hacer con su riesgo cotidiano.

Uno se enamora, incluso a riesgo de ser correspondido.

Uno trabaja, a riesgo de ser remunerado, despedido o reconocido.

Uno conversa y escucha con el riesgo de que lo hagan cambiar de opinión.

Uno vive de tal manera que pareciera que arriesga el todo por el todo.

Y sólo así se vive sin comillas.

Sólo así se vive con el riesgo subrayando esas cuatro letras.

Vitamina P

Normalmente no escribo para recomendar nada, pero hoy me he encontrado con algo que a unos cuantos podría servirles y que siguiendo la filosofía de que cuando puedes, debes. (Sobre todo si se trata de ayudar) tengo que recomendar esto que me parece sensacional.

Una vitamina que no se encuentra tan fácil y menos en estos tiempos pero que sin duda es el motor de grandes cosas, logros e incluso de grandes personas. Sin duda la gasolina que nos mueve como humanos.

Es esa vitamina que te mantiene alerta, despierto, con entusiasmo y ganas. Muy recomendable para todos aquellos que odian el lunes. Con esta vitamina podrán dejar de hacerlo.

Esta vitamina te va a ayudar a sentir cada día de la semana como si fuera viernes. La única contraindicación y/o en su defecto efecto secundario que podrías sentir es la ansiedad que puede causar un domingo por la noche, puede causarte un poco de insomnio por saber y esperar con ansia el lunes. Por extraño que parezca.

Esta vitamina está probada, no hay nadie que pueda hablar mal de ella, al contrario. Los hombres más exitosos la consumen diario y esto ha repercutido en su vida profesional y personal.

La puedes dosificar a tu antojo, si es necesario que te quedes despierto hasta tarde seguro te ayuda a evitar el cansancio y la fatiga que el día te ha dejado, además de ayudarte a levantarte al otro día con el mismo entusiasmo con el que te levantarías si hubieras dormido tus ocho horas.

La vitamina P. Esa que hace ir a tantos a trabajar con una sonrisa de oreja a oreja, por utópico que parezca. Y que a esos que les ayuda tanto, dejan de llamar trabajo al ídem. Esa vitamina te ayuda a hacer cada cosa de tu día como si fuera la última, te enseña a disfrutar de las cosas como si no fueran a durar y esto a su vez hace que terminen durando.

Por cierto la p es de pasión.