Tan grande como un título.

Tan importante como un subtítulo.

 

 

Pequeño y grande. Dos antónimos que tienen un sabor a subjetividad.

Nada más por poner un ejemplo, yo podría pensar que éste, es un gran texto y eso que lo voy empezando, así que ya me dirás. Y no me puedes negar que la bufanda que te regaló la tía abuela en navidad, la que pensó que era un gran regalo, nunca te la pones y nunca lo harás.

Pero espera, que hay más. Esa servilleta en la que te escribieron, ese post-it que guarda un te quiero, o esa figura de papel que nunca has tirado, por pequeños que parezcan son grandes detalles.

Entonces el tamaño no está en las dimensiones, el tamaño está en el espacio que ocupan adentro de ti, las cosas, los recuerdos, las personas y hasta las palabras.

Y es entonces cuando nos damos cuenta que todo lo que parece pequeño tiene una gran importancia. Sí, lo digo por las letras chiquitas que vienen en algunos documentos, que vienen siendo la analogía perfecta de las personas pequeñas en la vida de las personas que se sienten grandes.

También habrá que decirlo por Aylan, el niño que nunca vio una orilla segura en Turkia. O por Omran Daqneesh el niño que no conoce otra cosa que no sea la guerra.

Por ellos, los que no tuvieron oportunidad de festejar este día.

Lo digo por todos esos grandes maestros. A los que todavía se les festeja hoy, vaya.

Lo digo por los que fuimos algún día y que hoy, como si nos hiciera mejores, nos negamos a recordar. Los encerramos en lo más profundo de nosotros con llave, castigados por un qué dirán tan tirano, que espera que no veamos nuestras letras chiquitas. Por llamarlo de otra manera.

Lo digo por los que se entretienen con colores y papel, con la hoja de un árbol. Los que se dejan sorprender y los que sin querer incluso, te sorprenden más veces de las que puedes soportar.

Los que te hacen una pregunta tan sencilla, que es difícil responder. Pero que tienen la cualidad de ponerte a pensar.

Los que tienen más capacidad de asombro que cualquiera de nosotros, capacidad.

Por todos ellos que todavía son.

Por todos los que se atreven a seguir siendo.

Y por los que están dispuestos a recuperarlos.

A volverse a asombrar.

A volver a sonreír.

A volver a soñar, con lo que serán de grandes.

Me confieso.

No estoy hincado, pero sí frente a lo más parecido que tengo a un confesionario y todo porque tengo algo que decir, escribir.

Tengo una confesión tan grande y gorda que puede ser criticada, o no. Que no se la diré a ningún padre para que no vaya a terminar rezando por mi. Tan grande que la mejor forma de quitarle un gran peso a una persona en particular, es compartiéndolo aquí y que se reparta el peso entre un número indeterminado que por no ser sabido, pueda resultar equitativo.

Debo confesar lo que algunos ya saben y otros imaginan.

Soy adicto.

Con algunos incluso he compartido mi adicción, a otros más se los he contado y otros cuantos, -muy pocos- hasta lo han disfrutado.

Cuando estoy en este estado me transformo, no sé si sea agradable o no, pero cuando estoy así, bajo los efectos de mi adicción, me quiero bien. Me gusta, me disfruto cuando me veo desde otro punto de vista. Eso cuando no me pierdo.

Soy adicto y no quiero dejar de decirlo, porque no está mal. Porque me importa poco ser juzgado. Porque, sinceramente me da igual lo que piensen de mi. Los adjetivos que me lleguen a poner serán muestra inequívoca que estoy dejando mi granito de arena en el mundo. Sólo espero que tengan muchos y variados.

Empecé con unas líneas, pocas y mal hechas, ni de derechas ni bien molidas, pero ya era algo. Lo suficiente para ir subiendo de a poco la dosis.

Empecé haciéndolo por diversión. Por probar algo nuevo y por encontrar una nueva forma de desahogo. Por encontrar una guarida que funcionara también como trinchera. Un diván que me sirviera de pastilla.

Luego empecé a sentirme mal cuando no lo hacía y después incluso a necesitarlo. Ahora procuro que sea una cuartilla diaria. Sí, por necesidad. Pero también por gusto, por todo lo que me hizo ser adicto a esto. Desde el principio.

O tal vez esto de escribir, sea también una forma de viajar en el tiempo y el espacio.

 

Tal vez sea por eso.