Escribiendo…

En gerundio mejor que en pasado.

 

Me dio por regresar, por volver a hacerlo. Y no hablo de escribir que eso lo hago casi diario, si no de publicar. No sé bien porque y tampoco pienso mucho en eso, tal vez fue pensar en el pasado. Será que escribo un texto nostálgico.

Será que publicar, es la nueva manera de quemar las hojas en este mundo 2.0

Regresar y pasado. Un par de copas. Una noche loca y entonces, surge la nostalgia. Este almacén de sentimientos poco realistas, idealizados. Sí, justo como la persona de la que que te estás enamorando. Con la que – si eres correspondido- no harán más que invertir en recuerdos para la cuenta del futuro. Con un interés al cero por ciento.

Hay recuerdos de muchos tipos y de todas clases. Unos que suman, otros que restan. Unos que dividen y otros que incluso sin querer nos terminan multiplicando. Y luego están los recuerdos EPN, que son los que te piden disculpas a destiempo, como queriendo recordarte algo que ya habías intentado dejar en el pasado. Una mala estrategia para limpiar su imagen.

Están los recuerdos prozac, que tienen la característica de darte levantones momentáneos, aunque después te vuelvas a ir para abajo. Cual montaña rusa. Son esos que te dibujan una sonrisa tensa, que invariablemente terminan haciendo temblar tu barbilla.

Los recuerdos escalofríos son los más sinceros. Los que hacen que se nos ponga la piel chinita, los que saben exactamente que neuronas pellizcar para que se produzca este efecto. El alma les queda chica, estos ya llegaron hasta nuestras reacciones más naturales, las más espontáneas. Los escalofríos provocan que nuestros poros se cierren para no dejar escapar ningún líquido, tal vez quieran evitar que alguna gota de sal subraye nuestros ojos. No nos vayamos a deshidratar. Para más inri, están asociados con la fiebre. Supongo que esto no lo tengo que explicar.

Los que interrumpen tu rutina. Llegan cuando menos deberían, se meten para venderte algo que no necesitas o que no recordabas necesitar. Los recuerdos spot. Duran lo suficiente para decirte lo necesario, nada más, pero nada menos.

Están también los llamados recuerdos inbox, que son todos aquellos que te hacen vibrar, que te niegas a borrar y son a los que –no lo neguemos- te gusta regresar de vez en cuando e incluso regalarles una sonrisa pequeña, complice, como si lo pudieran notar.

 

A final de cuentas, los cataloguemos como los cataloguemos, los recuerdos son y los recuerdos están.

 

Porque la vida no es como la vivimos si no como la podemos recordar.

Y volver.

Volver, volver.

Aunque en estos momentos me dan ganas –las más- hablemos de regresar y no de volver. Porque esa es la ventaja de un idioma con tantos sinónimos, que puedes elegir la palabra que en ese momento te acomode más o te incomode menos, como quieras verlo. Como quieras leerlo. Como te de la gana vivirlo.

Regresar, esta palabra que tantas veces la han dejado tan mal parada. Porque para atrás ni para agarrar vuelo, aunque hasta los aviones más pequeños necesiten hacerlo. Porque, dónde está tú dignidad si hablamos de volver con la ex pareja. Porque hasta volver el estómago está mal visto y aunque definitivamente no es agradable a la vista, éste último acto reconforta cuando nos sentimos mal, a que sí. Pues lo mismo pasa con las demás acciones, cuando algo te sienta mal hay que devolverlo, pero cuando algo te sienta bien hay que regresar.

Porque tenemos un origen al que siempre podemos volver para sentir el cobijo de esa persona que alguna vez nos vio partir, o podemos sentir otra vez los brazos de ese lugar que tanto tiempo nos cobijó o qué sé yo. Pero hoy vuelvo.

Hoy vuelvo no sólo a escribir sino a cometer el acto imprudente de publicar lo que pienso e incluso a veces hasta lo que siento. Porque creo que siempre está bien regresar a hacer lo que te hace sentir bien, lo que te gusta, lo que te retribuye de cierta manera que Hacienda jamás te podrá venir a cobrar.

Hoy vuelvo con más letras entre los dedos y con menos preocupación de lo que pienses al leer esto, con menos ganas de quedar bien pero con más de agradarme.

Regresar no es tan malo si algo te hace sentir tan bien, que si es cierto que el tiempo perdido no se recupera jamás, -en caso contrario no se llamaría perdido- también es cierto que se pueden volver a escribir nuevas historias, se pueden escribir nuevos comienzos cuantas veces quieras, cuantas veces estés dispuesto a olvidar, a hacer borrón y cuenta nueva, a desaprender de tanto en tanto, a saldar deudas del pasado y abrir una nueva cuenta para anotar todos los pendientes nuevos, lo que te debes -en singular o en plural- cuantas veces estés dispuesto a sonreír con cara de esto nunca me había pasado, por más que haya ocurrido ya. Siempre hay tiempo de un volvamos a empezar, siempre hay oportunidad de crear nuevos recuerdos.

Volver, sí. Incluso para agarrar vuelo, para recargar baterías, para tomar fuerza, para reponerte o para lo que tu quieras, tal vez simplemente por el hecho de volver.

Volver por el simple hecho de regresar al lugar del que nunca te quisiste ir por lo bien que te sentías y que nunca te diste cuenta hasta que lo viste a la distancia.

Volver, porque te dieron ganas o para recuperar las que te estaban faltando.

Volver a empezar.

Volver donde nos habíamos quedado.

Volver, regresar, reaparecer, como quieras, pero no te tardes.